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domingo, 2 de febrero de 2014

Te regalé un zippo con perfect day

Es increíble, el día que decido escribir mi primer texto para la nueva era, ésta, por la noche callada, también hay maní japonés sobre la mesa del comedor. ¿Por qué abrí un blog de nuevo? Porque a veces uno tiene la necesidad de volver al origen para encontrar alguna que otra respuesta. Ayer se murió un amigo que conocí a través de mi blog escrito en la ventanilla. Un amigo que trascendió los textos, las huellas en el vidrio y las pantallas. Un amigo argentino que se instaló tranquilamente, en ese músculo animado que solemos llamar corazón. Y escribo en este momento pensando en él, como si acaso me estuviese leyendo desde algún lugar en el que necesito creer para entender que la tristeza que ahora siento funciona con la dinámica de una casa de empeños.

Dos días después muere el actor Philip Seymour Hoffman. Como si este febrero se hubiese encaprichado en arrancar un par de simbolismos de la tierra.

Y ahí volví a escrito en la ventanilla, que ahora es un libro, pero antes fue un blog en donde conocí a mi amigo. Y tengo la necesidad de juntar, como en un funeral dublinés, a tantos otros lectores que lo conocieron y que formaron parte de aquella cofradía anónima, en la que todos necesitábamos decir, porque aún sentíamos que había alguien del otro lado. Pienso en un tipo que se hacía llamar Rinoceronte Roberto. Me encantaría encontrarlo. Él era muy lector de mi amigo y a mí me encantaban sus posteos. Así que voy, y hago un agujero en el ataúd de un blog que parece, se cerró hace mucho. Dejo un comentario, casi un plegaria que anuncia la desaparición de mi amigo. Creí que Rinoceronte Roberto debía saberlo.

Ahora, solo espero algunos abrazos, espero no llorar mañana cuando vuelva a trabajar con esta tristeza en la cartera. Este es un rincón, de transmitir, pero sin el vacío de las formas.


Hoy hay maní japonés sobre la mesa del comedor, que es otra mesa. Y ahí voy yo, por la noche callada.